Por Stephanie Jiménez Torres

Primer reportaje 

Altos costos de producción amenazan al cafetal 

A pesar que el café puertorriqueño posee un  exquisito sabor que lo llevó a deleitar a reyes y a honrar al Vaticano, hoy enfrenta la peor amenaza en la historia agrícola de Puerto Rico que augura extinguir el cultivo del grano en las montañas de la Isla.          

“El oro negro” de Puerto Rico es la principal actividad económica en 21 municipios, sin embargo, la falta de mano de obra, el crédito agrícola limitado y los altos costo de producción son algunos de los factores que provocan la caída en el sector cafetalero.          

La situación de los caficultores confirma el descuido que por años el gobierno ha demostrado con la agricultura, pues los recortes presupuestarios y el crédito agrícola limitado afirman la falta de importancia que se le ha dado a este sector como pieza fundamental en la economía del País. rama café         

El caficultor y beneficiador de la Hacienda Palma Escrita de Las Marías, Artemio Valentín Figueroa, aseguró que “los altos costos de producción amenazan a la industria del café en gran medida y mas aún cuando no recibimos el apoyo del gobierno”.         

Valentín Figueroa denunció que en el pasado el Departamento de Agricultura (DA) le otorgaba incentivos económicos a los caficultores. Además, se redujo la cantidad de abono que se les proveía para mantener saludables las siembras de café.           

“Lo que sucede es el gobierno otorgaba incentivos, pero algunos caficultores no sabían administrarlos. Entiendo que la solución no era eliminarlos sino educar porque el costo de vida es alto y lo que se recauda en las cosechas de fincas pequeñas no da para sobrevivir”, afirmó el caficultor.          

El caficultor marieño indicó que para que el café se pueda flotar, despulpar, lavar y secar  es necesario adquirir máquinas especiales que consumen grandes cantidades de combustible y de energía eléctrica, cuyos costos se han elevado.         

Los recortes económicos al sector cafetalero se deben a que la Administración de Servicio y Desarrollo Agropecuario (ASDA), agencia encargada de ofrecer incentivos agrícolas, enfrenta un déficit de $29.6 millones que ha obligado a  efectuar ajustes presupuestarios.

La administradora auxiliar de la Oficina de Incentivos Agrícolas de ASDA, Juana E. Núñez Rosario, reveló que por años no se han asignado fondos para la operación de la agencia y por eso han tenido que tomar líneas de crédito para lidiar con la situación.         

“Ante la realidad financiera, tuvimos dos opciones: resignarnos y perder la agencia o hacer ajustes para continuar dando la ayuda. Nosotros optamos por continuar ofreciendo respaldo a los caficultores y entiendo que es una opción responsable”, expresó Núñez Rosario.           

Además, el gobernador Aníbal Acevedo Vilá expuso en su mensaje de presupuesto para el próximo año fiscal 2007-2008, que ASDA tendrá una disminución de 14.56 por ciento en su crédito. Esta noticia agrava la situación de la agricultura y la crisis aumentará si el gobierno persiste en quitarle $14 millones a la nómina de la agencia.          

Por su parte, el director auxiliar del programa agrícola del Servicio de Extensión Agrícola del Recinto Universitario de Mayagüez (UPRM), Rafael Olmeda, especificó que para lograr que la industria cafetalera prospere, es necesario que el gobierno desarrolle sistemas y mecanismos que faciliten el mercadeo del producto y la protección contra los riesgos de mercadeo y cambios de precios.          

Olmeda instó al gobierno a que comience a ofrecer el financiamiento necesario en momentos adecuados porque es esencial para un desarrollo más eficiente de la industria del café.          

La difícil situación que enfrentan los caficultores empeoró con el aumento al precio del café, porque a pesar que el beneficiador no recibe ayudas gubernamentales, tiene que pagar el café a un alto precio. Igualmente, el gobierno eliminó el dólar adicional que le otorgaba al recolector por almud de café maduro recogido.          

José FabreEl secretario del DA, José O. Fabre Laboy, y el secretario del Departamento de Asuntos del Consumidor (DACO), Alejandro García Padilla, para el año 2005 estipularon un aumento al precio del café maduro de $3.25 y de $1 al verde con el propósito de hacer más costo eficiente a la industria cafetalera e incrementar la calidad el café, pero según los testimonios de los caficultores entrevistados esta medida es ineficiente.          

García Padilla afirmó en un comunicado de prensa a la Legislatura, que para aumentar el precio del café se realizó un estudio de necesidades de cuyo análisis económico incluye todos los costos que son necesarios para la producción y ganancia razonable.         

Por el contrario, las expresiones del administrador del beneficiado Torres Colberg del municipio de Lares, José Luis González, demuestran descontento con esta medida porque admite que del aumento al precio del café sólo gana 52 centavos.          

“Ahora tengo que pagarle al bracero un dólar más por recoger café maduro, el gobierno quitó los incentivos y redujo el abono que estaba ofreciendo. Si venimos a ver la ganancia es mínima, por eso entiendo que la necesidad económica se le pasó al consumidor y el gobierno se libró”, expresó Torres González.          

Igualmente, el presidente de la Asociación de Beneficiadores de Café de Puerto Rico, Abel Enríquez, denunció que esta nueva revisión al precio del café tuvo un aumento considerable a nivel de consumidor que no se distribuyó justamente entre el canal de mercadeo. Por lo que el mayor afectado es el beneficiador, quien asume el mayor riesgo en la operación.          

La inconformidad del beneficiador maricaeño es evidente y dijo: “En cuestiones económicas, el aumento al precio del café es menos que el incentivo que estaba recibiendo anualmente del DA. La baja retribución al caficultor desembocará en la pérdida de la industria”.          

Los caficultores se preguntan el porqué de las reducciones en las ayudas económicas, por lo que  la secretaria auxiliar de Servicios Especiales del DA, Carmen Oliver Canabal respondió que en un principio se le daba un incentivo al caficultor para lidiar con los costos de producción pero que paulatinamente se iba a eliminar.            

Oliver Canabal aseguró que ni dándoles el dólar los caficultores cumplían con los requisitos de rendimiento. Opinó también que no todos los beneficiadores compran el café al precio estipulado a pesar de estar regulado por DACO.           

La ejecutiva del DA, añadió que los incentivos se eliminaron porque además de que la situación financiera del País no permite respaldar económicamente a la industria, la agencia asegura que los caficultores no hacían buen uso del dinero provisto.A pesar que algunos caficultores admiten la inhabilidad agrícola en la administración de incentivos, opinan que no se enseña golpeando a la industria, sino invirtiendo en educación.           

La inconformidad por parte de los trabajadores agrícolas, la disminución de ayudas económicas y la eliminación del subsidio salarial a los recolectores ponen en riesgo la estabilidad de la industria del café.         

A esto se le suma la campaña del actual del gobierno denominada “Apoyo al de aquí”. Dentro de ésta se estableció  “La llave para tu agroempresa”, iniciativa que le da la oportunidad a los caficultores de tomar préstamos al Banco de Desarrollo Económico (BDE)  hasta de $100,000 con el fin de establecer nuevos proyectos.           

Sin embargo, esta ayuda sólo sirve para disfrazar la verdadera situación del agricultor porque los préstamos agrícolas tienen altos porcentajes de interés que no son fijos, lo que incrementa la deuda del solicitante.          

El caficultor y dueño del beneficiado Los Tres Reyes del municipio de Las Marías, Oscar Ruiz Ruiz dijo: “Estamos hablando de 8 por ciento y podría llegar al 15 por ciento de interés, pero tengo que acogerme a este proyecto, porque con los otros bancos el pago es mensual y en el caso del café la cosecha se da por algunos meses”.           

El secretario del DA admitió que el presupuesto de la agencia es sumamente limitado e impide respaldar al caficultor e incentivar a los trabajadores agrícolas. Además, durante su mandato no se han podido contratar agrónomos que trabajen en beneficio de la agricultura porque las plazas están congeladas.            

Ante tales hallazgos, aumenta la preocupación por el menosprecio a la agricultura en Puerto Rico, contrario a lo que se hace en otros países. Si el café desaparece como actividad agrícola, además de destruir la cuenca hidrográfica de la Isla y ocasionar una crisis social en la montaña, la economía de los 21 municipios que componen la zona cafetalera también se vendría abajo.  

Segundo reportaje

Aunque llueva el café, nadie lo recoge 

“Tal vez yo no lo vea, pero la realidad es que al café le pasará como a la caña, se va a terminar por falta de personas que crean en la agricultura, que tengan un compromiso social y deseen recogerlo. Este trabajo es honrado pero la gente no lo ve así”, expresó Artemio Valentín Toro con un tono melancólico.           

El caficultor marieño es el único de nueve hermanos que se dedicó a la siembra de café. Es dueño de la Hacienda Palma Escrita del municipio de Las Marías, cuya administración pasó a manos de su hijo menor, el único al que le interesó el cafetal.          

Valentín Toro, padre de cinco hijos, expresó que el obstáculo más grande que enfrenta la industria cafetalera es la falta de manos que recojan el café. Añadió además que el problema es un asunto de educación.          

Este trabajador agrícola no está lejos de la realidad, pues según las cifras del censo agrícola, la industria cafetalera refleja una reducción en su fuerza laboral. En el año fiscal 2003-2004, la producción cafetalera empleó unos 23,300 trabajadores de manera directa. La cifra incluye unos 9,500 agricultores. Durante la cosecha 2004-2005, el número de agricultores se redujo en 42 por ciento y los obreros en un 43 por ciento.          Con tan sólo visitar las fincas de la zona cafetalera se puede confirmar que sólo a personas mayores les interesa recoger café. Cuando van los jóvenes no pasan de un día de trabajo al enfrentarse con insectos, terreno accidentado y un rayo de sol penetrante.

Srecolectorain embargo, mientras que el 30 por ciento del café de Puerto Rico se pierde por falta de manos que lo recojan, las filas para solicitar ayudas económicas no disminuyen. Los caficultores entrevistados opinaron que la causa principal de esta situación es la escasez  de proyectos que motiven a las personas a trabajar en la agricultura.         

El caficultor y dueño del beneficiado Torres Colberg del municipio de Lares, Luis Torres Olivencia, aseguró que en muchas ocasiones la persona que recibe ayudas del gobierno tiene más ingresos que el obrero de la finca. Lo cierto es que a los trabajadores agrícolas no se les quitan las ayudas para el sustento, por lo que trabajar en la agricultura sería un ingreso adicional.            

“Lo que sucede es que la gente ve esto (recoger café) como algo despectivo y dicen: si no estudias esto es lo que te espera, y por eso prefieren trabajar en otra cosa o quedarse en su casa”, expresó Torres Olivencia.              

Por su parte, el gobernador Aníbal Acevedo Vilá, anunció en su mensaje sobre el Estado de Situación del País que habrá un aumento de $110 millones en el Programa de Asistencia Nutricional (PAN) y que la elegibilidad se extenderá a 30,000 nuevas familias.         

Las personas que cumplan con los requisitos de elegibilidad tendrán que trabajar en las áreas de servicio, turismo y seguridad, volviendo a empañarse el futuro del tercer cultivo de la Isla.          

A pesar que en la pasada cosecha se inició una campaña para que los reos y empleados de agencias públicas recogieran café en diferentes fincas de la Isla, no existen programas que fomenten el aumento en la cantidad de recolectores de forma permanente.          

El secretario del Departamento de Agricultura, José O. Fabre Laboy expresó que durante la pasada cosecha la Oficina de Negociado de Empleo del Departamento del Trabajo (DT), reclutó 3,000 trabajadores para ubicarlos en el cafetal, pero cuando se pone en una balanza otras áreas y la agricultura, la balanza se inclina sobre esta última. Una de las alternativas que ofrecen los caficultores para incrementar la mano de obra es importar trabajadores de República Dominicana para que recojan café en la cosecha y luego regresen a su país.         

Pero según el agrónomo y ayudante especial de la Administración de Servicio y Desarrollo Agropecuario (ASDA), Jaime Zapata,  esta alternativa no es viable para el DA porque la meta de la agencia es que el café de la Isla se recoja con manos puertorriqueñas.

Además, “en República Dominicana el café lo recogen los haitianos, si en Puerto Rico se crea esta cultura, los pocos trabajadores que existen se podrían ir del cafetal”, predijo Zapata.          

Siempre se ha dicho que los puertorriqueños no tienen una conciencia social que los motive a recoger el café, sin embargo, la realidad de muchos de los recolectores es trabajar en un ambiente informal que los desprotege y los limita a  recibir beneficios marginales.          

El recolector marieño Alberto González, dijo que recoge café desde joven, pero como la finca es de un familiar no exige que le pague beneficios de seguro social y desempleo. “Nunca he exigido nada porque para mí eso es ayudarnos mutuamente”, admitió.          

Según el titular del DA, los recolectores pueden obtener ayudas de desempleo y Seguro Social, además de un bono navideño de hasta $200, siempre que ganen más de $300 durante la cosecha. Sin embargo,  una gran cantidad de recolectores no llenan los documentos requeridos y no pueden recibir estos beneficios.          

Por su parte, el caficultor y beneficiador del municipio de Las Marías, Juan Guilloty, paga beneficios marginales a sus trabajadores agrícolas, pero hay quien no lo hace y eso desmotiva al recolector. “Yo entiendo que el DT debe regular el salario mínimo del bracero para que se promueva una cultura de justicia salarial”, opinó.          

Guilloty expuso que las motivaciones de superación de una parte significativa de la población de los municipios cafetaleros de la Isla son mínimas y por eso el gobierno debe invertir en educación, incentivos económicos y programas sociales para que puedan ver al cafetal como una alternativa de progreso.           

Mientras que los caficultores entrevistados consideraron que  la acción de ASDA es imprescindible para lograr estos objetivos, lo cierto es que la agencia carece de mecanismos que beneficien a los recolectores.          

La administradora de la Oficina de Incentivos Agrícolas de la agencia, Juana E. Núñez Rosario  indicó que a los obreros que realicen tareas como hacer caminos, suministrar abono o sembrar café, se les ofrece subsidio salarial de $2.12 por hora, pero el recolector no recibe ningún incentivo.         

Núñez Rosario admitió que en ASDA sólo existe una alternativa dirigida a los recolectores en el que aquellos caficultores que quieran participar del programa de acarreo, pueden buscar a sus braceros a los hogares y se les paga 6 centavos de combustible por cada milla.           

Por otro lado, un estudio realizado por la Estación Experimental Agrícola de la Universidad de Puerto Rico (UPRR) reveló que los caficultores de Puerto Rico carecen de métodos educativos que disminuyan la inhabilidad agrícola.          

La catedrática asociada del Departamento de Economía Agrícola y Sociología Rural de la UPRR, Carmen Álamo, indicó que para poder incrementar la mano de obra y trasformar el mercado del café, es necesario crear un plan de acción que fomente la educación.          Recientemente, el Servicio de Extensión Agrícola (SEA) inauguró el Centro de Información para el Mercadeo y Producción de Café en Puerto Rico que según la economista agrícola,  tiene el propósito de apoyar al caficultor.

Sin embargo, esta biblioteca está ubicada en el municipio de Adjuntas y no está inaccesible a los restantes municipios de la zona cafetalera, situación que limita las oportunidades de éxito de la industria.          

La percepción del profesor especialista en café  del Colegio de Ciencias Agrícolas del Recinto Universitario de Mayagüez (UPRM), Miguel A. Monroig Inglés, es que la educación es esencial en el proceso de recuperación de la industria del café. A esto añadió que es importante que el  trabajador agrícola reciba un adiestramiento para que no destruya los arbustos al recoger los granos.          

El profesor opinó que a pesar que el cafetal carece de braceros no se extinguirá, sino que se convertirá en una industria pequeña y especializada. Indicó que es inminente tomar acción porque la industria cafetalera genera más de 25,000 empleos directos y  al desaparecer ocurriría un éxodo de personas  a las zonas urbanas, lo que ocasionaría una crisis gubernamental.         

 Monroig Ingles dijo que los puertorriqueños no pueden resignarse a perder su café y deben comenzar a preocuparse por la agricultura. Expuso además, que “abrir un surco es como elevar una oración, plantar una semilla es símbolo de esperanza, verla crecer es no perder la esperanza y recoger sus frutos es ver la esperanza hecha realidad”.

Los caficultores, recolectores, beneficiadores y torrefactores coinciden en que Puerto Rico cuenta con la capacidad y conocimiento para producir uno de los mejores café del mundo; proteger la industria cafetalera, a pesar de tener un propósito económico, es además un asunto de sentido patrio y responsabilidad social.

Tercer reportaje

En riesgo la calidad del café puertorriqueño          

La topografía y la tierra volcánica de Puerto Rico hacen que su café compita con el mejor del mundo, como el que produce Jamaica y Hawai. Esta característica del fruto puertorriqueño se afecta ante la ausencia de mecanismos que fiscalicen la calidad del café que se mercadea en la Isla.           

Esto significa que el consumidor podría estar comprando un café como de primera calidad cuando posiblemente sea de segunda, o tal vez pague a un alto precio un café “gourmet”, que realmente no lo sea.          

La realidad es que mientras impera la caída de la industria cafetalera, el gobierno no ha puesto en vigor el reglamento 7145 del 1 de mayo de 2006, que estipula las pautas para clasificar todo tipo de café que se mercadea en Puerto Rico y café de exportación.           

El secretario del Departamento de Agricultura (DA), José O. Fabre Laboy, admitió que el reglamento no se ha implantado por falta de recursos financieros y personal capacitado que puedan fiscalizar el café que se procesa en las torrefacciones del País.         

“Mi deseo era que el consumidor tuviera la certeza de que el café que está comprando es de calidad, pero el DA tiene una carencia de empleados”, confesó el titular de la agencia.         

Asimismo, los beneficiadores, quienes procesan el café para luego llevarlo a la torrefacción, están gozando de una libertad al procesar el fruto. Lo cierto es que la Oficina de Fiscalización de la industria Cafetalera (OFIM) no posee capital para desarrollar un proceso de fiscalización.         

café

Según Fabre Laboy, se supone que en el presente exista personal capacitado para que realice este trabajo. Sin embargo, el administrador de OFIM, Juan Pérez,  indicó que bajo al administración de la ex gobernadora Sila María Calderón a la agencia se le otorgaron fondos para establecer un programa de fiscalización. Este capital se terminó y ahora los beneficiados carecen de regulación.          

Esta contradicción afecta la estabilidad de la industria y podría catalogarse como un engaño al consumidor, pues a pesar que el Departamento de Asuntos del Consumidor (DACO) regula el precio del café, la calidad es responsabilidad del DA y OFIM.

El caficultor y beneficiador de la Hacienda Palma Escrita del municipio de Las Marías, Artemio Valentín Figueroa denunció que los fiscalizadores que trabajaban durante la pasada administración no tenían ningún conocimiento en el área de la agricultura y que realmente ocupaban un puesto político.

“Cuando uno de los fiscalizadores me preguntó que si un árbol de guaraguao era un árbol de café, me di cuenta de la falta de capacidad para realizar ese trabajo tan importante para asegurar la calidad del fruto”, sostuvo Valentín Figueroa.

Según el informe económico de la Oficina de Estadísticas Agrícolas del DA, durante la pasada cosecha el sector cafetalero produjo unos 203,500 quintales de café, lo que implica que la producción se redujo en un 48 por ciento si se compara con la producción en 1962. En este año se registró la mayor cosecha de café en Puerto Rico con una  producción de  395,000 quintales.

El consumo local de café es de 393,906 quintales por año, por esto es necesario importar café extranjero. Para el mes de abril se importaron más de 100,000 quintales de café, a pesar que el 30 por ciento de la cosecha en Puerto Rico se pierde por falta de manos que lo recojan.         

Sin embargo, el caficultor y administrador del beneficiado Torres Colberg del municipio de Lares, José Luis González, expresó que a esta fecha todavía tiene almacenado 3,000 quintales de café. El DA le exige tener sólo café de primera calidad, pero para poder hacer la mezcla del café que se mercadea es necesario un 40 por ciento de café segunda.

El negocio de González se ha tornado diferente y denunció que ahora el gobierno le vende la mezcla (60 por ciento primera, 40 por ciento segunda) a los torrefactotes, por lo que no hay necesidad de ir a los beneficiadores a comprar café.          

Según el caficultor lareño, el DA es muy exigente cuando compra café, pero cumplir es difícil por los altos costos de producción y la carencia de apoyo gubernamental.  Lo cierto es que si el gobierno no compra café extranjero para luego venderlo a las torrefacciones no podría ayudar a los caficultores.         

El agrónomo ayudante de la Administración de Servicio y Desarrollo agropecuario (ASDA), Jaime Zapata, dijo que si no se compra café internacional es más difícil ofrecer ayuda a los caficultores.         

Por ejemplo: el precio del café extranjero fluctúa ente $115 a $125 por quintal, contrario al de Puerto Rico que tiene un precio de $200. Cuando el gobierno lo vende a las torrefacciones lo venden al precio local, obteniendo una ganancia de 75 por ciento que, según Zapata, se inyecta a la industria cafetalera.            

A pesar de que el secretario del DA admitió que en algún momento el dinero pudo haberse utilizado para pagar nóminas, expresó que la situación económica del País es crítica y hay que utilizar los recursos existentes.         

Según el titular de DA, el café importando es de una calidad excelente, porque la compra se hace por previa subasta y por un ente regulador internacional. Además se realizan pruebas de catación y de  precios.          

Sin  embargo, al no existir un sistema de fiscalización, el empaque del café  podría tener escrito 100 por ciento puertorriqueño y esa no sea la realidad.         

A esta situación, el administrador de OFIM reiteró que con la compra de café extranjero no se engaña al consumidor porque todos los puertorriqueños saben que se importa café y eso se hace por medio de subastas públicas.          

“Lo que sucede es que el puertorriqueño es ignorante de su realidad y no está pendiente a sus asuntos públicos, que incluye las subastas de café”, aseguró Pérez.          

Según el agrónomo especialista en café  del Servicio de Extensión Agrícola (SEA) del Recinto Universitario de Mayagüez (UPRM), Miguel A. Monroig Inglés, la industria puertorriqueña de café tiene costos operacionales más altos que los del extranjero, hay que vender el fruto más caro lo que resulta menos atractivo para los consumidores foráneos.          

La producción mundial muestra una tasa de crecimiento anual promedio de 3.6 por ciento, mientras que la demanda sólo ha incrementado un 1.5 por ciento, precisó el profesor. A pesar de que la política del DA es incrementar la calidad del café local por medio del recogido exclusivo de café maduro para conquistar el mercado internacional, la escasez de incentivos agrícolas hace casi imposible lograr este objetivo.          

La directora de la marca  El País, Saritza Aulet Padilla, explicó que la misión de la marca es presentarle al consumidor productos 100 por ciento puertorriqueños que cumplan con los estándares de calidad y frescura estipulados. Además, existe un equipo de trabajo que ayuda a los agricultores a realizar campañas de relaciones públicas y publicidad para que puedan promocionar sus productos.           

Sin embargo, en cuanto a la industria cafetalera, sólo un caficultor es partícipe de la marca El País. Incluso, en la actividad “Specialty Coffee”, que se realizó el 3 de mayo en Estados Unidos, sólo un torrefactor puertorriqueño pudo asistir para promocionar su café, pues el participante tiene que costear su boleto de avión, estadía y gastos personales. La agencia sólo costea el espacio en la exhibición.          

A pesar que en la Isla existen 68 marcas de café registradas, la realidad financiera de los torrefactotes del País es limitada, lo que dificulta incurrir en gastos exorbitantes para mercadear su café a nivel internacional.          

Por otro lado, los terrenos dedicados al cultivo del café se han reducido. En 1960, según indica el DA, se sembraba café en unas 160,000 cuerdas de terreno. Hoy existen 56,000 cuerdas destinadas al cultivo de café, cifra que implica una reducción de 65 por ciento.           

El agrónomo del SEA del municipio de Las Marías, Efraín Jiménez Mounier, explicó que además de la disminución de terrenos agrícola, el no practicar la agricultura sustentable amenaza la calidad del suelo.           

Jiménez Mounier explicó que la agricultura sustentable es una producción agrícola que utiliza un mínimo de productos químicos. Es una agricultura económicamente viable, socialmente justa y ambientalmente sana.          

El agrónomo expresó que se ha comprobado que el uso de sombra temporera y permanente mejora la calidad del fruto del cafeto. “Se ha educado a los agricultores y continúan adoptando prácticas que no son amigables con nuestro ambiente”, aseguró.

Consecuentemente, si la situación del café de Puerto Rico continúa su rumbo de decadencia, se derrumbaría el muro de contención que representa la agricultura en los municipios de la montaña. Además, posiblemente desaparecería de la mesa del consumidor uno de los productos locales más importantes al ser desplazado por un café de menor calidad.

Mayo 2007